Espardenyada 2012

Xabi Zalbide

Antes de que los embalses, las carreteras, los camiones y, en definitiva, la vida “moderna” acabaran con el modo tradicional de transporte de la madera del Pirineo, eran los raiers del Pallars quienes viajaban sobre los propios troncos río abajo hasta Balaguer, Lleida o Tortosa a vender esta madera. Es una tarea que a nuestros ojos se nos antoja casi irreal pero que formaba parte del modo de vida de aquellas y otras tierras hasta, como quien dice, anteayer. Años después de que los rais dejaran de surcar el río, las gentes de La Pobla de Segur, con ayuda de los últimos raiers, lograron recuperar esta tradición y cada año celebran la Diada dels Raiers, fiesta en la que, entre otros muchos actos, se vuelve a bajar por el Noguera exactamente igual que se hizo hasta los años 50 del siglo XX.

Por casualidades de la vida, hace ya unos años que conocí a la gente de la asociación de raiers, y este año ha sido la tercera vez que una cuadrilla de Artziniega visitamos Pobla para disfrutar de la diada y de la hospitalidad de sus gentes. Además, dentro de esta fiesta de homenaje y recuerdo del oficio de raier, desde hace cinco años, se celebra también la “Espardenyada”, una marcha y carrera popular de montaña que quiere rememorar el retorno a pie de los raiers a sus casas, y que discurre por los caminos y montañas cercanas a La Pobla entre paisajes prepirenaicos de peñas, bosques, barrancos, riberas y pedregales, bajo los inmensos cielos pallareses.

Este año no me podía ni quería perderme la carrera, así que aprovechando el estado de forma medio decente y mi comienzo en esto de las carreras de montaña, el viernes tocó retirarse pronto y madrugar el sábado a la mañana para enfrentarse a los 21 kilómetros y 1000 metros de desnivel acumulado de l’Espardenyada 2012. No conocía el recorrido, pero el crack de Pobla Eugeni Rosselló Solé me dio algún consejo bien valioso.

El tremendo calor del día anterior no tenía pinta de calmarse demasiado a eso de las 7:00 AM del sábado. La noche había sido bastante tropical y el día amaneció con más de 20º. Pero eso no echó atrás a nadie y desde primera hora el campo de fútbol de Pobla era un hervidero de montañeros y corredores, casi todos y todas de la comarca pero también de otros lugares de Catalunya. Se ve hasta un chaval japonés muy sonriente que a la postre sería la sensación de la carrera y de los días posteriores.

Tras recoger el dorsal toco relajarse un poco, beber agua, hacer la digestión (que esto suele ser uno de mis mayores retos), empezar a calentar e ir preparándose para intentar salir en condiciones. Hay ambientazo, mucha gente y ganas de empezar a darle aunque el sol casca que da gusto pese a ser tan pronto.

Son las 8:30 y se da la salida. Me coloco justo detrás de la primera línea. Empezamos a ritmo normal por la calle que lleva a la carretera general que sube a Sort y Esterri, y hacemos como un kilómetro por ella. Llevo delante unos 15 o 20 corredores cuando cogemos a la izquierda el antiguo camino al pueblo de Montsor. Pica para arriba y vamos cogiendo altura entre pinos por un camino estrecho en zig-zag. Voy subiendo a buen ritmo de trote, pero no tengo supersensaciones. Adelanto algún corredor y otros me pasan a mí. La subida es más dura de lo que pensaba aunque tiene algún tramo de descanso. Donde no hay árboles ya casca el sol que te cagas. Un corredor que llevo detrás me dice que queda poco para el avituallamiento líquido y ahí nos presentamos.

Kilómetro 4. Paro a beber un vaso de aquarius y otro de agua y me refresco la cara. Algunos corredores no paran y me rebasan. Arranco y sigo a mi ritmo. Llega un punto en que giramos a la derecha y se encara una cuesta de unos 300 metros a pleno sol. El sol me da de frente y me pega un buen hostión. Noto flojera y bajo el ritmo porque es durísimo y el calor me marea. No me pasa nadie, así que deduzco que no soy el único que sufre. Dosifico y arriba llego bastante mejor. Una vez pasada esa subida encaramos un buen tramo sin excesiva pendiente casi hasta Montsor en el que intento no cebarme porque Eugeni me había comentado que después de pueblo venía una subida dura. Así que poco a poco, trotando. Llegamos a la pista que da al pueblo y subimos por sendero hasta la casas. Cuesta arriba se nota más la canícula. “¿Qué, del País Vasco?”, me pregunta el que va detrás. La camiseta de “Artziniegako Udala” me delata.

Estoy en Montsor, otro más de los muchos testigos mudos de la despoblación del Pirineo. Se ubica en una atalaya de roca sobre el valle, a más de 1000 msnm. Hay avituallamiento sólido e intento no hacer el gilipollas como en La Quadra y beber y comer con tranquilidad, siguiendo mi ritmo y sin querer ir detrás de nadie. No veo pastelitos así que como fruta, bebo bien y para arriba. Desde aquí encaramos la subida al Roc de Sant Aventí, punto culminante del recorrido. La subida no se me hace excesivamente dura aunque hay un tramo de mucha pendiente por sendero. Aquí hay que andar. Dejo pasar a un chaval que subía detrás desde antes de Montsor y seguido nos adelanta otro corredor. Hay un tramo de descenso antes de la última subida al pueblo y noto que recupero bastante. Subo corriendo. Adelanto otra vez al chaval y me acerco mucho al corredor que nos había adelantado. Corono el alto de Lo Tossalet y ya solo me queda un tramo llano y la última subida a la cima del Roc de Sant Aventí. No noto demasiado calor y aprieto un poco. Me sacan fotos antes de llegar y por fin piso el punto más alto del recorrido.

Roc de Sant Aventí, a casi a 1500 metros de altitud. Estamos en tierras del antiguo municipio de Montcortés de Pallars (hoy Baix Pallars), con el impresionante telón de fondo de las altas cumbres de la cabecera de la Vall Fosca. Hay un buen punto de avituallamiento que aprovecho para beber bien porque sé que ahora toca lo más duro para mi: la bajada (que a la postre me resulta más dura incluso de lo pensado). Comienza por un sendero estrecho. Empiezo suave y enseguida noto que el chaval al que había adelantado me pisa los talones. Aprieto un poco pero me rebasa. Qué paquete soy bajando, es alucinante. Llegamos a una pista ancha y seguimos un rato por allí. Recupero algo. Me pasa otro corredor que va muy fuerte por ese terreno. Al de poco volvemos a un sendero de fuerte bajada en el que intento darle, pero es muy técnico y no voy cómodo, me canso mucho. Menos mal que llega una pista y otro camino más llevadero.

En el kilómetro 11,5 nos juntamos con el recorrido de los caminadores, que no han subido hasta Sant Aventí. A partir de aquí recorremos la llamada “Cresta del Gelat” (que de “gelat” tiene muy poco porque casca una solana de cagarse vivo). Aun así, y aunque hay tramos técnicos, no voy ni tan mal. Me dan ánimos algunos montañeros y al de poco de pasar una pendiente en la que camino un poco, noto que me da alcance un grupo de 4 o 5 corredores. Voy en cabeza tirando cuando oigo “Aupa Artziniega!” y me pego la sorpresa más grande del día y del fin de semana: los luzaidarras Axier Camino e Igor Valencia, que se están haciendo la marcha de gaupasa y con una botella de vino. Pena de cámara de fotos, porque la cara que se me quedó tuvo que ser un puto poema.

Tras el momento risas del día, seguimos por la cresta del gelat a pleno solazo. Me adelanta uno de los que venía detrás y al de nada llegamos al “Pas del Llop” (paso del lobo), una canal de roca donde hay que destrepar por una cadena y unos escalones metálicos. Hay un tío colgado para ayudar a bajar pero se pasa bien. Es peor el tramo que viene después, bastantes metros por roca descarnada en media ladera, que se hacen un infierno con el calor que pega. Me adelantan otro par de corredores. Sigo tirando por un terreno algo técnico hasta que llegamos a la cima de la Roca Foradada, una atalaya rocosa que se eleva sobre Pobla. Impresionante vistas. Aquí empieza la bajada de verdad hasta la ermita de Sant Miquel del Pui. Sin piedad. Es un descenso muy técnico y rocoso que comienzo con cautela por una zona de rocas peleona. Vamos una grupeta y algunos se ponen en cabeza. Nos quedamos otro chico y yo y una vez que entramos en el pinar vamos bajando a fuego por sendero hasta Sant Miquel. Hay avituallamiento líquido y bebo con ganas. Me ha dejado bastante tocado la bajada tan fuerte. Llevo los píes entre fritos y cocidos. Veo a Rosa, la madre de Igor, que está dando un paseo, y le digo “¡ahí arriba bajan esos dos!”. No se si lo cree, y es que no es fácil de creer lo estos dos. Esos si que tienen merito y no yo.

La última parte de la carrera consiste en bajar desde Sant Miquel del Pui hasta la ribera del río Flamicell, que baja desde la Vall Fosca, y una vez allí hacer un par de kilómetros hasta meta, por los caminos que recorren la zona de huertas. Es un tramo fácil e incluso con sombra, pero con el tute que llevo de la bajada se me hace terrorífico. El chaval con el que voy me anima, “vinga que arribem junts”, pero no le aguanto el ritmo. El cuerpo me dice que no. Pego un par de gritos y tiro p’alante. No queda nada pero la puta meta no llega. Por fin veo las primeras casas de Pobla. Giro a la izquierda y veo que está el chico japonés sentado aplaudiendo a los que llegamos, “¿se habrá retirado?”, me pregunto. En fin, yo sigo a lo mío y a mejor ritmo porque ya no queda nada sigo por la acera a la sombra, giro otra vez a la izquierda, y entro ya en la última recta. Hay bastante gente, aplausos y tal. Aitziber la chavala de Gon está viendo la meta y me saca una foto pero ni la veo. Cruzo meta medio muerto.

No sé ni qué tiempo he hecho ni qué puesto, aunque por la cantidad de gente que veo en el avituallamiento pienso que he entrado bastante bien. Pero da igual, estoy contento porque la cosa es que a pesar de la reventada y el calor he tenido fuerza para hacer los últimos kilómetros. Bebo aquarius como si no hubiera un mañana y me siento a descansar. De hambre cero, no me entra ni fruta. Viene Aitziber, que ni la había visto, y dice que el resto anda todavía descansando de la juerga nocturna y que se pira a desayunar. Andan por allí también Edurne y la gente de Raiers: Xic, Miquel, Laia y demás. “Cóm ha anat?”. “Molta calor”… però bé, molt bé”. Me dicen que el japonés ha ganado la carrera incluso habiéndose perdido unos minutos. Y luego coge y se va a animar a los demás. Flipante, qué bestia parda. “Good training”, comentaba el chaval.

Al de un rato largo de llegar, me informo del tiempo y me comentan que he llegado en 2 horas y 8 minutos en el puesto 31º. Buen dato para haber pasado tanto calor. Pensaba que habría llegado en ese puesto más o menos a Sant Aventí, pero con la gente que me ha pasado bajando se ve que habré coronado el 20º o así, lo que no está nada mal. Valoro sobre todo el tramo de bajada hasta Sant Miquel a buena velocidad, y los últimos kilómetros en que pese al desgaste físico tuve fuerza mental para sobreponerme. En cuanto a la organización solo decir que estuvo de 10 y que se lo curraron mucho, máxime teniendo en cuenta que las previsiones iniciales se sobrepasaron con creces en cuanto a participación. Felicitats! L’any que ve repetirem segur!

Utzi erantzun bat

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