Crónica La Quadra martxa-trail

Xabi Zalbide

He de reconocer que durante bastante tiempo he sido de los que veían a alguien por el monte a toda hostia y pensaba “joder, la gente está fatal”. No era una cuestión de que me pareciera un ultraje al secular e incorrupto espíritu mendizale, sino que mis hábitos eran más senderistas y pausados. Pero claro, gustándole a uno el monte y llevando ya años practicando atletismo y ciclismo a nivel globero, supongo que era cuestión de tiempo acabar sucumbiendo a la moda. Y así ha sido, entrado en la treintena, ha llegado mi estreno en esto de las carreras de montaña. Como bien dice Txipi, “vaya vejez nos espera, chavales”.

La cosa es que tras un par de meses de entreno sin mucho fuste pero con regularidad me quería quitar la espinita que me quedó en 2011 por no haber ido a la carrera de montaña de La Quadra con Guiller, Jon y Gartzi, y me apunté a la edición de este año. Era algo más larga y bastante más dura: 21 km pasando por Ganeko, Gallarraga y Aguilatos, cimas del macizo que divide los valles del Cadagua y el Nervión, con 1300 y pico de desnivel acumulado (eso en principio). La idea era probar la distancia sin forzar mucho y a ver qué tal iba el asunto.

Tomando en cuenta los consejos de la gente que sabe, los días previos a la carrera reduje carga de entrenamiento, y el miércoles 13 fue el último día que toqué montaña; subí a Peñalba (cómo no) y la verdad que me encontré como nunca. El jueves pegué una vuelta ciclista vespertina elegante con Jon Sánchez (70 km), y el viernes pegué una vuelta corta en mtb con un calorazo de caerse de culo. Luego pintxo-pote light, mis 13 horitas de sueño y el sábado relax. A la tarde le pegué un toque a Carlos y me dijo que iba a la carrera, así que quedamos al día siguiente a las 8:15.

Domingo 7:30 suena el despertador. Toca desayunar bien, preparar mochila y al lío. Quedo con Carlos en el Goyo y para las 8:30 pasadas estamos en La Quadra (tierra de parte de mis ancestros, por cierto). Hace buena temperatura y se ve que el día va a estar muy estable aunque a primera hora se ven nubes en altura. Aparcamos y nos vamos encontrando con gente que va a la carrera (bueno, más bien Carlos, que se conoce a todo dios). Saludamos a Kepa, compañero de curro del mismísimo Josu Parrillas, que estuvo en la marcha de Artziniega.

En la plaza San Pedro pillamos dorsal, nos cambiamos y en esas Carlos saluda a otro chico que le comenta que quedó séptimo en la maratón de Gasteiz. Casi nada el tema. Volvemos para la plaza, saludamos a más gente, y seguido a calentar un poco por el bidegorri con dos de Zalla (Javi y Fernando, creo que eran). Estamos como un cuarto de hora y nos vamos acercando a la salida. Veo que está Gaizka Barañano. Madre mía qué nivelazo, esto asusta. Quedan pocos minutos y nos sacan una foto de grupo a todos los que vamos a participar, casi 90. Estoy bastante tranquilo. Son las 9:30: preparados, listos, ya.

La carrera comienza con un tramo corto por el bidegorri, pero enseguida nos desviamos a la derecha por debajo del corredor y pillamos pista camino a Zamaia. Como era de esperar, sale un pelotón en cabeza. Nada, que tiren, que esa es otra guerra. Carlos y yo vamos con Javi y Fernando trotando a buen ritmo pero sin forzar, ni adelante ni atrás. Tras una curva empiezan las primeras rampas medio duras por pista de hormigón. Me pongo a tirar y pasamos a algún corredor, toca otra curva y un descansillo. Salimos a una zona despejada y girando a la izquierda entramos en pista de tierra. Sigo tirando poco a poco, manteniendo ritmo y nos encontramos con el primer cuestón serio. Me veo bien y mantengo trote. Es larga la cuesta y me da la impresión de que nos quedamos solos Carlos y yo. Efectivamente. Adelantamos a unos cuantos corredores que van andando en la zona de más pendiente. Acaba la cuesta y llegamos a un cruce donde se abandona la pista y nos metemos en un sendero bastante selvático que va remontando sin demasiada pendiente. Vamos en fila. Hay humedad del sirimiri del sábado pero cero barro. Salimos del bosque y tras una zona de helechos vuelve a ponerse el tema para arriba y tiro un poco. Pasamos al chico que iba delante y al mítico Patxi Ros, que dice que no va muy bien, y enfilamos hacia el este en media ladera hacia la zona de las minas de Zamaia. Es camino estrecho y nos deja pasar otro corredor. Alcanzamos a un chico con camiseta del club de atletismo de Villasana y subimos con él hasta alcanzar a los últimos de la marcha a pie. Nos animan. Se ve que falta poco para coronar en Gongeda (no se hace cumbre pero se pasa cerca) y mantengo ritmo, me encuentro bastante bien y adelanto al de Villasana. Carlos viene detrás. Corono y me tiro a bajar recto por un sendero, pero los que están controlando me dan un grito y me dicen que no, que para la derecha. Ahí vamos.

Toca un tramo de bajada de un kilómetro escaso hasta el primer avituallamiento líquido. Me engancha Carlos y se pone a tirar en la bajadita a buen ritmo. “Vamos de puta madre, ¿no, Carlos?”. “Tranquilo, que queda lo peor”. Lo tomo en cuenta, aunque a posteriori el consejo no me sirve de mucho. Llegamos al avituallamiento, bebo un trago de agua y para arriba, a encarar el subidón hasta Ganeko. Impone bastante. Entramos en un pinar, caminamos un poco y volvemos al trote, pero enseguida toca otra vez andar a ratos, porque las pendientes que remontan la ladera son fuertes. Veo un par de corredores o tres 150 o 200 metros más adelante. Llegamos a un descansillo donde se cruza un arroyo y entramos en un bosque de pino y haya joven, donde giramos a izquierda y entramos en la última tirada larga hasta la cima de Ganekogorta. Pasamos bastante martxalaris. Se empieza a notar viento y se ve que la cumbre está con niebla, pero en carrera ni se nota el fresco. Una pena para las vistas, aunque con este ritmo como que no está la cosa para contemplaciones. Veo al corredor que nos precede 100 metros más adelante, pero no fuerzo para pillarle. En la campa de arriba nos cruzamos con los corredores que ya han coronado y tiran hacia Pagero. Nos traga la niebla. Hay bastante gente.

Cima de Ganekogorta. Bizkaia y Aiara a nuestros píes, pero no se ve ni hostias. Me marcan el dorsal. Miro por primera vez en todo el día el crono: 1:02 para subir más de 900 metros de desnivel en 7,5 km. Le espero a Carlos 5 segundos y nos tiramos para abajo. Carlos pone un ritmo tremendo, le sigo, y en los sube y bajas del tramo hasta Pagero empiezo a notar las primeras muestras de cansancio. Pasamos a fuego por Arrabatxu, Erroiaskan y enganchamos a un grupo de tres corredores. Se despeja el cielo y veo Gorobel y el valle de Okondo delante, Eretza y Triano a mano derecha y más allá, casi a la espalda, el Abra y Ezkerraldea. Desde la cima de Pagero toca bajada bastante fuerte hasta el collado donde está el avituallamiento sólido. Intento seguir al grupo pero se me van unos metros. No bajo bien, noto que me estoy cansando y que voy torpe.

Llego al avituallamiento justo detrás del grupo de Carlos y aquí cometo la cagada gorda de la jornada: me paro lo justo para pegar dos tragos y comer un cachito de plátano, y les intento seguir. Como más tarde comprobaría, tenía que haber parado y comer más, pero me pueden las ganas y las buenas sensaciones que he tenido subiendo a Ganeko. Así que nada, salgo a saco y les sigo para empezar a subir a Gallarraga. Al otro lado de la valla, en terreno de Okondo, hay una bandada tremenda de buitres trapiñándose una oveja muerta. Huele de puta pena y lo comento con unos martxalaris; “joder cómo huele a chuletilla, me lo he jamao todo”. Se descojonan y sigo para arriba. El tramo de subida hasta la cima de Gallarraga no es muy largo pero es muy “pino”: el camino va por una chimenea y hay trepadita. Lo conozco de haber ido andando. Llevo al grupo a pocos metros pero noto que las voy a pasar putas. Voy suave, ascendiendo poco a poco, un pie y después otro. Adelanto a unos que van hablando del crimen de Arza, el tema del año. Entramos en la chimenea, donde hay una cuerda para ayudar a subir. Al principio trepo por la roca de la derecha para adelantar a una chica y luego engancho la cuerda y tiro a tope, pero casi se me hace más cómodo trepar. Creo que me sacan una foto. Llego a la cresta cimera bastante jodido y veo que Carlos ha coronado y ya baja. Le animo y en poco llego a la cima (902 m), me marcan y para abajo. Ai ama.

Desde la cima bajamos derechos hacia Kiputzeta, entre Ugalde y Miñaur. He pasado por aquí andando bastante veces. Esto es término de Okondo. Vamos a hacer algún kilómetro por terreno de Okondo, hasta Aguilatos. Y es que este municipio llega hasta la misma orilla del Cadagua, metiendo una cuña en terreno de Güeñes entre los mojones de Erkudui y Baxakin. Como curiosidad, es ese, y no Areta, el punto más bajo de Aiara y de toda la provincia de Araba.

Pero volvamos al tema: la bajada desde Gallarraga es fuerte y me pego un par de tarradas. Adelanto a un corredor (o martxalari, no sé) y al de nada noto que viene alguien detrás y le dejo pasar. Me da una palmada en la espalda; es Javi el de Ubietamendi que baja como un puto misil. Intento darle ritmo, pero qué cojones, se me va. Me viene a la cabeza esa de Extremoduro que dice “bajé las escaleras y de dos en dos, perdí al bajar el norte y la respiración”. En el collado giramos hacia la derecha y pillamos una pista ancha que bordea toda la ladera hacia el NW. Es bastante llano e intento darle, pero voy justo. “¡Aupa Xabi!” me grita alguien. Miro atrás y es Arkaitz Sertutxa que está haciendo la marcha andando. Ni le había visto. Le saludo, sigo y al de poco me encuentro con un buen repecho. Subiendo me engancha otro corredor y no le puedo seguir el ritmo, voy andando intentando recuperar, porque noto que no voy bien. Al de poco me alcanza el chico de Villasana que hemos adelantado en Zamaia, me pregunta qué tal. Le digo que justito, intento mantener el ritmo pero enseguida se me va un cacho. Hemos bordeado casi toda la ladera SW del monte Gallarraga y encuentro una bajada pronunciada hasta una zona que se llama Aretxorriaga, donde hay un pequeño altiplano. La bajo lo más fuerte que puedo y en el llano me pilla otro corredor, un chico con camiseta blanca. Me anima y le sigo bastante rato a buen trote hasta un avituallamiento líquido que me da que es para los de la marcha, pero paro y bebo un poco de agua y sigo para abajo. Al de poco, hay un giro a la derecha para atacar la cumbre de Aguilatos por un sendero. Me alcanza otro corredor y le digo que pase, que voy jodido, pero dice que no, que tire, y vamos juntos hasta la cima. Subiendo por ese terreno me veo mejor que en las putas bajadas. Coronamos (668 m), le dejo que pase y al de poco llegamos a otro avituallamiento. Aquí si que paro, me tomo dos vasos de aquarius e intento recuperar.

Estoy en el kilómetro 15 y veo que hay gente que baja por un lado y otros por otro. Pregunto por dónde es y me dice un organizador “¡Xabi, por aquí!”. Creo que es Sergio, de Sodupe. Pues nada, me meto en el bosque y para abajo por la pista. Corro entre hayas y castaños, es una zona bonita. Intento bajar recuperando unos metros, noto que voy mejor, y al de nada oigo que me alcanza alguien. Otro más, venga, que el ritmo no pare. “Aupa Xabi! ondo, oso ondo!” me dice. Es Kepa Intxaurza el amigo de Josu Parrillas. Otro que baja volando. Intento aguantarle pero se va, aunque luego veo que voy manteniendo distancia, sobre todo cuando la pendiente no es pronunciada y en los tramos de llano. Me da un poco de ánimo, ánimo que no dura mucho porque intuyo que viene alguien a rueda y que me va a pasar. Y efectivamente, es Patxi Ros, que viene muy fuerte. Le había pasado en la subida, pero… ay amigo, donde las dan las toman. Tiene pinta de que va recuperando mucho y va a pasar a Kepa, pero no llego a comprobarlo, no les veo. En el kilómetro 17 giramos a la derecha y enfilamos la bajada hacia el embalse de Lingorta. Es una zona umbría y hay algún charco que se rebasa bien. Paso a un grupo de martxalaris y en eso que de repente noto que me estoy meando. Pero meando en plan como una persona mayor. Vamos, que me faltan segundos para hacerme txis encima, por lo que decido parar y echar el mitin. Acabo, respiro, sigo, y poco más abajo ya veo el embalse de Lingorta, que está bastante lleno. Nunca había pasado por aquí y, oyes, es un sitio bastante pintoresco. Se bordea casi entero y al de poco se llega a la presa, donde empieza una pista de hormigón que baja hacia La Quadra. Pega el sol con bastantes ganas ya. Es el primer momento que noto bochorno.

Presa de Lingorta. En este punto hay ganas de llegar; “no puede quedar mucho” piensa uno, y esas ganas le llevan a pensar que será ya todo enfilar hacia meta. Pero no. Como bien se veía en el perfil, todavía falta una subida medio larga. Llego a un cruce con líquido, kilómetro 20, y me dicen que quedan tres, con lo que eso de los 21 kilómetros empieza a oler a mentirijilla. Tomo un vaso de aquarius de trago y sigo a la izquierda por un camino de hierba, donde adelanto a un corredor ¡Milagro! Al de unos 100 metros pasamos un arroyo y empieza la pendiente por un pinar. Empiezo a subir a trote suave pero enseguida toca caminar. Oigo hablar a alguien atrás y le espero, a ver si me marca un ritmo asumible. Es un chico de Ostruka de Sodupe que me comenta precisamente que eso de los 21 kilómetros como que no. Vamos charlando mientras subimos y aunque se me hace larga la subida, voy con reservas. Me dice que bajamos seguro de 2:40 y que si hubiera sido de verdad 21 km bajábamos de sobra de 2:30. Nos cruzamos con dos de la organización que estaban en la subida al de poco de salir y nos dicen que quedan menos de dos, así que p’alante. Un par de curvas por el pinar y empieza la última bajada. Como no podía ser de otro modo, no bajo bien y el de Sodupe se escapa. Bajamos por pista y parece que tiramos derechos a La Quadra, pero no, hay sorpresa final y nos desvían por un sendero a la derecha, que da paso a un tramo de campa en pendiente donde me pego una buena tarrada, pero sin consecuencias. En plan colofón. Salgo del prao a una pista de hormigón y ahora sí, veo la casa-torre, paso por debajo del corredor y entro en el pueblo. Meto ritmo fuerte y en nada ya estoy en el bidegorri y en la plaza.

Meta, por fin. Cruzo y miro crono: 2’34’’ (al final fueron casi 23 kms y 1.600 metros pasaditos de desnivel acumulado). Ni tan mal, he dosificado bien porque si llego a reventar me habría caído un carro de minutos. En meta está Carlos que ha llegado minutos antes (al final quedó el 23º y 3º de veteranos), y me saluda el chico de Sodupe, que en la última bajada me habrá sacado como un minuto. Noto que las bajadas me han castigado bien los cuádriceps, pero me encuentro bastante bien, y aun mejor tras un aquarius de trago y tres cañas de cerveza casi de trago también. Vamos comentando con la gente, que está muy contenta con el día. Comenta Gaizka Barañano que ha quedado segundo, y hablamos con otro chaval (luego me dicen que es Ander Legarra) que nos dice que ha hecho tercero. Puras máquinas. Vamos al coche a por la mochila y ya después de una ducha, otras tres o cuatro cañas más, tertulia y una buena degustación de chorizo, panceta y costilla, la sensación de bienestar es total. No le duele a uno nada, oigan.

Resumiendo: buen test, gran organización y recorrido en mi opinión exigente y elegante por unos montes que conozco desde crío. Además no esperaba andar por encima del puesto 40º y al final quedé el 27º. Creo que he pecado de inexperiencia y precipitación a la hora de valorar la importancia de comer algo sólido y parar a recuperar tras tantos metros de subida. A pesar de no tratarse de una distancia muy larga para los estándares demenciales de hoy en día, el saber dosificar y alimentar el cuerpo se demuestra básico, por mucho que la mente le diga a uno que siga. También he notado que en las bajadas me falta técnica y fuerza, vamos, que soy un paquete. Pero en fin, siempre se puede mejorar. Veremos en Pobla cómo va la cosa.

Utzi erantzun bat

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